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Cultura | 19/01/2021
Historia | Por Gustavo Battistoni
El grito federal de Arequito
Ilustración: Ale Moris
El levantamiento en Arequito de los soldados y oficiales que venían a reprimir a la Provincia de Santa Fe por orden del infausto Directorio porteño es un hito en la historia patria. Pocos hechos han tenido la importancia de la sublevación encabezada por Juan Bautista Bustos, el gran caudillo cordobés, secundado por José María Paz y Alejandro Heredia. Sin embargo, la historiografía porteña lo muestra tan solo como un “motín”, un hecho secundario dentro de nuestras cruentas guerras civiles. Nada más lejos de la verdad, puesto que la decisión de no acatar las órdenes directoriales fue lo que llevó a las fuerzas federales a decidir y enfrentar y derrotar en la batalla de Cepeda al poder unitario. Con el conocimiento que tenía Estanislao López de que José de San Martín no iba a obedecer las órdenes de Rondeau y el levantamiento de comienzos de enero, los caudillos federales comprendieron que la retaguardia estaba liberada para dar batalla a quienes se negaban a reconocer a los pueblos libres del interior.

El 8 de enero de 1820 fue esencial para que en febrero de ese mismo año Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes enterraran para siempre el sueño monárquico en la ex capital del Virreinato del Río de la Plata y se instaurara el germen de una república federal. Sin el alzamiento patriótico de Arequito no existiría el federalismo ni el nacimiento de la provincia de Buenos Aires.


Santa Fe, luego de lograda su autonomía en 1815, había sido invadida por los ejércitos del Directorio con resultados infructuosos. Las valientes tropas santafesinas enfrentaron con hidalguía todo intento de ocupación, rechazando lo que el mismísimo Bartolomé Mitre denominó una guerra de exterminio por parte de los centralistas porteños. La primera expedición al mando de Manuel Belgrano terminó en el armisticio de San Lorenzo, que los directoriales, como siempre, no cumplieron. De esa manera volvieron a intentar, a principios de 1820, una nueva invasión al suelo litoraleño.

El ejército auxiliar del Norte, que había combatido contra los Realistas, contaba con casi 3000 soldados, siendo una fuerza que difícilmente el poder litoraleño podía enfrentar, por eso, primero la división de sus fuerzas, obra de Juan Bautista Bustos, y luego la defección del general Fernández de la Cruz significó un golpe mortal al despotismo imperante en las Provincias Unidas. Bustos, el gran caudillo cordobés, cuya obra progresista ha sido estudiada por el historiador Roberto Ferrero, se comunicaba el 12 de enero epistolarmente con Estanislao López, donde le expresaba: “Tengo la satisfacción de poner en noticia de V.S. que en la noche del 8 realicé mi proyecto de impedir la invasión contra la provincia de su mando”. Y en una carta enviada al Presidente del Cabildo santafesino José Galisteo, el litoraleño le expresa que la paz lograda después de la batalla de Cepeda no hubiese sido posible sin “la feliz escena del 8 de enero”, manifestando con esta misiva la importancia que tuvo la sublevación para el nacimiento del federalismo en nuestro país.

El impacto de lo ocurrido fue tan grande que tuvo repercusión en la creación de la provincia de Córdo-ba, como bien señala Tulio Halperín Donghi: “La provincia de Córdoba se separa, en efecto, del gobierno central luego de que el ejército del norte, sublevado en Arequito, se ha rehusado a seguir obedeciéndolo y a intervenir en la lucha contra el litoral artiguista”. Otro de los cabecillas del levantamiento, el tucumano Alejandro Heredia será gobernador de su provincia, y José María Paz tendrá un papel relevante en las luchas civiles posteriores.

A partir de la victoria de Cepeda el 1 de febrero de 1820, el mapa político cambia radicalmente. Derrotado José Gervasio Artigas en Tacuarembó por los portugueses, las provincias del Litoral firman el Tratado del Pilar que es un intento de contener el poder lusitano, dando nacimiento a la provincia de Buenos Aires y consolidando el federalismo del Litoral, y dando comienzo a una serie de pactos que se consolidan con el Pacto Federal del 4 de enero de 1831.

Es importante observar que un acontecimiento de las características de lo ocurrido en Arequito, que tuvo tanto impacto en nuestra historia no es tratado con la notabilidad que tiene. Desde nuestro punto de vista adquiere la misma importancia para nuestra consolidación republicana que acontecimientos tan remarcables como el asesinato de Manuel Dorrego o el Acta de Rancagua.

Recordamos con frecuencia el Grito de Alcorta, que significó una nueva era para los hombres del campo argentino, pero no debemos olvidar el Grito libertario de Arequito, sin el cual el federalismo no hubiese sido posible. En una Argentina donde hasta el día de hoy el desbalance entre la ciudad de Buenos Aires y las provincias sigue siendo ostensible, recuperar los hitos que marcan nuestra tradición federal nos parece imprescindible.

Periodista/Fuente: Gustavo Battistoni | Historiador y escritor
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